La Eurídice de alguien

Véase El mito de Orfeo y Eurídice

¿Y ahora qué?.
Ya nadie se acuerda de mí, ni siquiera él, ya no oigo su triste canción al otro lado, no oigo su llanto, ni su suave y torturado tono de voz pronunciando mi nombre, en este maldito lugar solo resuena mi lamento y el reptar de ese bicho del demonio que tuvo la culpa de todo.
Está en mi cabeza todo el tiempo, recordandome el día en el que su lengua provocó mi infierno...
¿Y aquél que tanto me amó?, ¿dónde se encuentra ahora?, ¿Acaso se olvidó de mi?, ¿Acaso vuelve a ser feliz?...
Solo queda retorcerse en este lado, en esta oscuridad que asusta, en esta ansiedad perpetúa, en esta maldición constante que hace envejecer mi mente día a día, sin posibilidad de huir. La única oportunidad pasó fugaz ante mis ojos azules ahora negros y brillantes por las lágrimas.
-Eurídice, -me dijo envuelto en llamas-, tus recuerdos del pasado ahora me pertenecen, tú me perteneces, para siempre. Y ese para siempre tatuado a fuego en mi corazón ya marchito e inservible es todo lo que sé, por lo menos todo lo que sé con certeza...
Lo que algún día fui se desvaneció y permanece en alguna que otra melodia triste que no recuerdo...

1 comentario:

Soñadora Compulsiva98 dijo...

Increíble. Me encanta este mito griego, es uno de mis preferidos y me parece preciosa la forma en que describes la situación que continúa al mito.
Absolutamente profundo.
Un besazo