Me quedé con el frió metido en el cuerpo, Que ya no esta tu piel para darme cobijo, ni tus sabanas de franela para acogerme debajo. Mientras te oigo dar esa última calada que nunca era la última. Y escondo la cara bajo mi brazo, asomando solo un ojo, para ver si apareces de repente aunque solo sea un rato o un sueño y me satisfaces... pero eso no sucede, me temo, y me acojo a el derecho de echarte de menos.

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