4 de Febrero de 2015

Aquella noche fue la primera noche que vi nevar así, y más aquí, en Santander...
En aquel momento eche de menos muchas cosas, eche de menos bajar corriendo como una loca por las escaleras y tocar la nieve, sin preocuparme del frío, o de la hora que fuera, o de que estuviera en pijama y en zapatillas, eche de menos sentirme viva, como una autentica cría, eche de menos comportarme así, eche de menos esa parte de mi, esa parte que no piensa, esa parte de mi ilusión que ya no se donde se encuentra, me eche de menos a mi, como siempre, pero con mas intensidad, como la de la nieve que caía, y me quede ahí, de pie frente a la ventana con los ojos brillantes y llenos de lagrimas, imaginando como sería la nieve conmigo y contigo, imaginando un abrazo y olvidando el olvido ese que te debo y no llega, olvidando que me he echo amargamente mayor aunque me duela.
Ví nevar por primera vez en veintiséis añazos y quién sabe, quizás vuelva a verlo de nuevo, de lejos, con mis ojos llorosos, sin abrazos, la mirada perdida y el corazón a pedazos.